Examinamos el CD de la versión de pianos de Tubular Bells
Una nueva manera de disfrutar de la gran obra de Mike Oldfield
[ 14/02/08 ]

Treinta y cinco años después de la publicación del Tubular Bells original, es grato encontrarse con auténticas rarezas como esta (y como aquella que el Dúo Sonare hiciera para guitarras hace unos años). Y es grato por varios motivos: porque se comprueba que la pasión por esta obra y este músico, pese a todo, sigue viva, y porque la vigencia de este gran clásico de la música moderna (pese al indescriptible olvido de alguna editoriales y publicaciones) sigue estando presente. Casi podríamos hablar de una obra tan versionada como, salvando las distancias, ese fabuloso Concierto de Aranjuez del Maestro Joaquín Rodrigo: una pieza que pasen los años que pasen sigue estando en el subconsciente colectivo y que, de vez en cuando, enciende la bombillita de algún genio para desarrollar un proyecto que de una vuelta de tuerca más. Marcel Bergman es uno de ellos, pues creó una adaptación sólo para pianos (y otra para pianos y sintetizadores) con la que embarcó a unos amigos y colegas pianistas en una gira por teatros e iglesias. Gracias a Jeroen van Veen, tenemos hoy en nuestras manos el CD recién editado de estas versiones de Tubular Bells, y pasamos a hacer un pequeño análisis.

La presentación ya nos indica que el producto está hecho con pasión, lo que irremediablemente desemboca en profesionalidad: sobre un precioso diseño de una campana tubular hecha piano, nos encontramos con un CD originalmente decorado (con partituras) que acompaña un cuadernillo con una biografía de Mike Oldfield y de cada uno de los arreglistas y músicos que colaboran en esta pieza, y de la historia de cómo surgió la idea de interpretar Tubular Bells sólo con teclados. Jeroen nos manda también numerosas fotografías de los componentes, así como tarjetas promocionales del disco y de otros que tienen a la venta. El diseño se lo debemos a Vanberlo Studios, mientras que la edición completa del CD, a Brillant Classics.

Tubular Bells Part One
Version for two pianos and two synthesizers

Adentrándonos ya en el contenido musical, primero nos encontramos con la versión de pianos y sintetizadores, lo que da más juego a la obra. El comienzo no podía ser más clásico y respetuoso: la archiconocida melodía repetitiva acompañada de fondo por un sutil sintetizador cristalino. Poco a poco se va uniendo el resto de intérpretes para ir dando texturas y sonidos a la pieza. El bajo está tan conseguido que parece real, en vez de interpretado por teclas. El sonido de las guitarras eléctricas se reproduce ahora por sonidos sintetizados que confieren un aire innovador y fresco. No faltan los coqueteos con los estéreos y los "efectos especiales" (algunos de ellos simulan percusiones), aunque brilla por su ausencia el empleo de las típicas "strings".
Las teclas vuelan por nuestra cabeza y todo parece blanco inmaculado. La interpretación es perfecta, y el disfrute, máximo. Las partes rápidas son excepcionalmente virtuosas. La producción también juega un papel destacado: algunos pasajes de algunas melodías son cedidos a uno u otros instrumentos simultáneamente, para crear nuevas texturas, jugando con numerosos sonidos sintetizados.
Llega el final, y el final no incluye maestro de ceremonias. La melodía final se interpreta una y otra vez hasta un sonido cercano a las campanas tubulares. No existe "guitarra" final, sino un clímax de concierto sin aplausos, pues esta interpretación fue privada y no hubo público.

 

Tubular Bells Part One
Version for four pianos

La versión para pianos es mucho más clásica, evidentemente, y posibilita menos experimentos, aunque no menos texturas. Cuatro pianos dan para mucho si están a manos de buenos músicos, y este es el caso. El sonido cristalino es predominante, como si se estuviera escuchando una auténtica obra clásica; cerrar los ojos es lo mejor. No se echa de menos ni las guitarras ni los farfisa ni las percusiones. Estamos ante una obra única en sí misma, que no sustituye a la original en ningún caso, pero que sí sacia nuestras ganas de escuchar algo diferente sobre un tema de sobra conocido.

Desgraciadamente, aunque Marcel Bergman sólo ha desarrollado esta adaptación de la primera parte de Tubular Bells, nos aseguró que comenzará a trabajar en la segunda parte este mismo año, por lo que os tendremos perfectamente informados.

Para quienes no tenéis el disco y queréis haceros con uno, podéis entrar en la página de Jeroen van Veen y encargar una por sólo 15 euros: Van Veen Productions